Más allá del amor romántico

Muerte al amor romántico. Muerte al “tú eres mía”, al “si me dejas me muero”, al “te celo porque te amo”. Esto me parecía muy claro. Aún así, quedan vestigios de control. ¿Lo estamos destruyendo o matizando?

En mis relaciones pasadas nunca me prohibieron tener amigues, o vestirme de tal o cual forma. Pero sí estaba prohibido estar con alguien más, querer a alguien más. Inconcebible, una traición. Romper un acuerdo que nunca se estableció de manera consciente. Porque nunca hablamos de nuestras expectativas y necesidades.

No me sentía autónoma. Alguien había escrito esa cláusula desde épocas bíblicas, porque adulterio, que tenía que elegir entre estar con esa persona o ser libre de tener otras conexiones. Que la monogamia me funcionaría por un tiempo, tal vez, pero no me visualizaba estando sólo con una persona hasta la ancianidad (unos 55 años como mínimo, si bien me iba).

Este año he comenzado a explorar nuevas formas de relacionarme, sin la necesidad de clasificarme en alguna de ellas. He aprendido sobre la no monogamia, el poliamor y la anarquía relacional. Descubrí que puedo diseñar mis relaciones, sin reglas preestablecidas y con el consentimiento de todas las personas involucradas.

Aunque estaba tan absorta en el binario soltería–pareja que olvidé que existen otras relaciones igual de valiosas. Amistades que se sienten como familia y, también, vínculos sexoafectivos que no acatan la escala relacional ni exigen exclusividad.

Cuando jerarquizamos tendemos a priorizar las relaciones sexoafectivas, como si las demás fueran menos valiosas. Como si no tenerlas fuera equivalente a estar incomplete. Que si vives con roomies a los 28 fracasaste y si vives sole fracasaste aún más.

Por otro lado, idealizamos la soledad, porque solo así nos reconocemos libres. Y entonces evitamos involucrarnos emocionalmente o querer en un plano romántico. Tememos tanto descuidar nuestra individualidad en una relación que nos privamos de sentir amor, afecto, de crear vínculos íntimos.

Decir “te amo” parece ser la antesala a un cuarto oscuro lleno de compromisos que no elegimos: satisfacer todas las necesidades de la otra persona, exclusividad sexual y afectiva, compartir todos los proyectos, priorizar tu tiempo y energía para él o ella.

Es esencial hablar de confianza, cuidados, comunicación y responsabilidad afectiva, más que de garantías, obligaciones, prohibiciones y posesión. Que nos comprometamos a una transparencia radical con nosotres y con les demás. Somos el núcleo de nuestra red afectiva, pero formamos parte de un todo.

Todas las relaciones que nos nutren son válidas. Que la incertidumbre de no categorizarlas no nos carcoma. Las relaciones que no entran en el modelo tradicional no son áreas grises, son todo un espectro nuevo de colores.

 

Ilustración de Sara Caballería

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