Los cumplidos

Qué difícil es aceptar un cumplido cuando toda la vida te han enseñado a odiarte. Suena muy fuerte pero me he dado cuenta que a la mayoría de las personas a las que amo, respeto y admiro, les cuesta mucho aceptar cuando alguien les hace notar algo bueno de sus personalidades o cuerpos.

Aunque he notado esto en todas las personas, creo que es especialmente común en las mujeres. Pareciera que el primer instinto es responder con algo que descalifique el cumplido. Quién sabe cuántas veces he participado o escuchado una conversación entre mujeres que va más o menos así:

-¡Qué bonitos pantalones, Fulanita!

-¿Sí? No sé es que [me aprietan / ya están viejos / me veo gorda / me aplanan las pompas]

Quisiera decir que no sé por qué lo hacemos pero creo que todas sabemos: nadie puede cumplir con los estándares de belleza que se nos piden y todo el tiempo estamos híper conscientes de ello. Por eso, cuando alguien nos dice algo bueno, no nos la creemos y tampoco nos sentimos merecedoras de que alguien más lo crea.

Una combinación (perversa pero altamente rentable) entre la cultura del consumo y la de la dieta nos han obligado a pensarnos siempre en términos de aquello que nos falta. “Pues sí, hoy me quedó cool el peinado pero mira estas ojeras.” Quizá la peor parte es que nos hacen sentir que si algo nos falta es porque no nos hemos esforzado lo suficiente. Si no nos hemos esforzado entonces debemos sentir culpa, vivir avergonzadas y pedir perdón por los cumplidos que no merecemos porque no nos los hemos “ganado”.

Es por esto que dicen que es revolucionario amar nuestros cuerpos porque es decirle no a la vergüenza, a la culpa y, consecuentemente, al consumo.

La verdad escribí todo esto para contarles que fui a Mérida con algunas de mis amigas más cercanas y en nuestro cuarto no cabía la culpa ni la vergüenza. Hicimos un esfuerzo colectivo por repetirnos que todo en nuestros cuerpos (y lo que saliera de ellos porque spoiler alert: las mujeres eructan y sudan y menstrúan) merece respeto y amor y risas. “Es un viaje body-positive,” dijimos en múltiples ocasiones y nos tomamos una colección de selfies de espejo.

Me he dado cuenta que repetirles a mis amigas lo bonitas que son también ha ayudado a que yo acepte y valore mi cuerpo. Espero que a ellas les pase lo mismo. Espero que pronto aceptemos los cumplidos y, en lugar de minimizarlos, contestemos con otro cumplido. Espero que juntas aprendamos a amar nuestros cuerpos porque nos permiten comer un panucho y sentir la arena en los dedos, no porque “tengan” que ser bellos.

Sé que esto no representa el fin del patriarcado ni de ningún tipo de opresión pero, cuando menos, nos permite ser más felices.

 

Ilustración: @drawnbyjovanna

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