Salir del clóset dos veces

Colaboración anónima

Salí oficialmente del clóset como bisexual hace como 2 años. Aunque yo ya sabía, nunca le había dicho a nadie; elegí contarle a mi novio de ese entonces y lo primero que me dijo fue “si sales con una morra, te mato”. Me tomó muchísimo tiempo y esfuerzo cortar con él después de eso, pero no por falta de ganas.

Después le platiqué a mis amigas más cercanas. Me dijeron que sí se lo esperaban y que les parecía interesante que teníamos muchísimos amigos gays pero exactamente cero amigas lesbianas. Hice la corrección: “soy bisexual”. Me dijeron que me iban a querer siempre y que no pasaba nada, que estaban muy emocionadas por saber si ya estaba saliendo con alguien.

Luego empecé a salir con una persona increíble que hizo que muchas cosas tuvieran sentido, entre ellas, que necesitaba decirle a mi familia pronto. Le dije a mi hermano, todo bien. Le dije a mi mamá, todo mal. Entendí que se rompieron muchísimas expectativas suyas y que fue una sorpresa. “Siempre tuviste novios”, “es que no entiendo cómo no puedes decidirte”, “¿entonces, eres lesbiana?”. Me tomó exactamente 6 meses y el salirme de mi casa para terminar los diálogos correspondientes con ella para que, finalmente, validara que existe la bisexualidad. Hablamos de bifobia, de homofobia, de lesbofobia, de identidad de género, de expresión de género. Nos tardamos muchísimo pero, al fin, conseguimos llegar a un punto de equilibrio donde nos entendemos y estamos mucho más cómodas.

Con el tiempo, mi relación avanzó tanto que se volvió inevitable contarle a la persona a la que más temía decírselo: mi papá. Me dijo que él no lo entendía pero que siempre iba a querer que yo fuera feliz y esa fue toda la conversación. Nunca me cuestionó nada y lo único que me reprochó fue que no le hubiera dicho antes.

Paralelamente, yo seguía yendo a terapia. Tuve días buenos y días malos y la oportunidad de reflexionar sobre muchas cosas. Poquito a poquito me fui dando cuenta de que yo en realidad no era bisexual, sino lesbiana. A mí me gusta mucho resolver las cosas que me confunden buscando el origen de ellas, pero con esto no podía. No encontraba el por qué me había tardado más en darme cuenta de que era lesbiana y, aunque todo apuntaba a lesbofobia internalizada, no sabía nombrar lo que pasaba. No sabía si era un tema estructural, o la misoginia del contexto en el que crecí, o la heteronormatividad, solo sabía que al fin había sentido que el rompecabezas de mi desmadre se estaba completando.

Desde entonces, me he encontrado en situaciones dolorosas y complicadas en las que nombrarme “lesbiana” no es fácil. No he ni intentado decirle a mi mamá porque me da mucho miedo reforzarle la idea de que la bisexualidad es un paso antes de la homosexualidad. Me da mucho miedo que se me cuestione y por responder algo desde mi experiencia personal esto se use para validar formas de transfobia. Me da miedo que algo que siento muy fuertemente se ponga en duda por haber tenido novios. No sé, me da aún más miedo que me pase algo por querer abrazar o darle un beso a mi novia en la calle. Esto nos pasa a muchas de las personas que formamos parte de la comunidad LGBT+ y me duele muchísimo que encima de las preocupaciones “normales” tengamos que siempre tener este nudo en la garganta.

Últimamente he tratado de decirlo más: soy lesbiana. Terminé de salir del closet súper cansada la primera vez, pero quiero hacerlo otra vez porque sé que existimos y que nos necesitamos. Tenemos que platicar de lesbofobia y de visibilizarnos de alguna forma que no sea un fetiche de los vatos heteros. También tenemos que darnos permiso de platicar de nuestras experiencias y problematizar nuestros discursos, especialmente en estas épocas que muchas de nosotras vamos a sentir el peso de nuestras familias caer sobre nosotras.

De todo corazón, les mando mis mejores vibras en estos días a todes, les deseo cenas libres de misoginia, lesbofobia, transfobia, homofobia. Si no se puede, les deseo espacios a dónde escapar y personas con quién hablar. No se sientan obligades a ir a cenas que les hagan sentir mal, cuiden su salud mental y, si nos conocemos y necesitan algo, háblenme cuando quieran.

Les quiero mucho.

Ilustración de Renata Kugler

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