De cuando perdoné a mi primer agresor

Alerta de contenido: abuso sexual

Después de varios intentos de esbozar una introducción apropiada al tema central que quiero compartir con el propósito de no tener que ser cruda y directa, y, de cierta manera, evitar ponerme muy personal muy rápido, me di cuenta de que no tengo por qué irme tan lejos del centro de mí. De lo que pasó. De quién soy y de por qué soy así.

He leído mil veces a hombres cisgénero despreciar nuestra lucha cuando se pone muy personal, cuando nos afanamos, cuando demostramos sentimientos, cuando en clase nos ponemos rojas del coraje porque piensan que nuestra equidad es un tema de debate. Nos descartan porque somos mujeres, porque estamos locas, porque nadie nos va a escuchar si seguimos dejando que nuestra experiencia y nuestros sentimientos se interpongan entre las cifras y el mensaje que queremos dar a conocer. Que nuestras lágrimas o gritos o voces entrecortadas al compartir nuestro testimonio sólo distraen del mensaje claro, sólo descalifican nuestra causa, sólo obvia nuestro estado femenino y ocasiona pereza, se nos tacha de histéricas y se nos dicta cómo hacer el trabajo, nos imponen estándares científicos para acreditar nuestra lucha, para ser feministas.

Porque los hombres cis resuelven los problemas que las mujeres no podemos por ser muy sentimentales, aunque sean problemas que ellos nos causaron.

Sin embargo, cuando se trata de todo lo que no es nuestra responsabilidad, se espera de nosotras que, aunque inútiles por nuestros sentimientos, lo resolvamos… claro, siempre y cuando no sea de índole intelectual. Porque aún y con mayores oportunidades laborales, nos restan credibilidad por ser mujeres en todo menos en asuntos del hogar y del corazón, porque para eso sí somos buenas.

A esta carga que se nos da por ser mujeres en la que se nos espera nutrir, sanar, callar, moderar nuestro comportamiento y estar atentas a cada detalle, se le llama labor emocional. En un contexto binario y heterosexual, es más fácil identificarlo con el cómic  you should’ve asked (Fallait demander), que explica la distribución del labor en el hogar y la percepción de la mujer como la jefa de la casa. Es en esta labor que se nos obliga a tomar responsabilidades emocionales que nos son otorgadas a la fuerza, socializadas, internalizadas y con las que crecemos.

Esta labor emocional nos obliga a callarnos, a procesar nuestras batallas y dolencias en silencio o sólo con nuestras hermanas, a escuchar los problemas ajenos y llevar cargas y procesar traumas de los hombres cis que crecieron alimentados de la idea de que ellos no tienen sentimientos ni inteligencia emocional por naturaleza. Somos máquinas de procesamiento, necesitamos ser gentiles, pacientes, comprensivas y empáticas.

Creo que pocas veces había visto esta labor tan clara como el día que fui a tomarme un café, a su petición, con mi primer agresor sexual, 7 años después de la agresión. Ahí estaba yo, 20 años, sentada frente a un hombre de 25 años hablando sobre algo que había pasado al inicio de mi pubertad, algo que me tomó cinco años aceptar y otros dos comenzar a hablar. Me citó y me pidió disculpas, e incluso mi mamá me alentó a ir a verlo cuando claramente no me sentía preparada para hacerlo. Sí, me pidió perdón y aceptó lo que hizo, y eso me ayudó mucho a cerrar ciclos…

La sesión sin embargo, se enfocó en él. En lo que él sentía sobre lo que me hizo, en lo que él veía en terapia, en las noches que él había pasado sin dormir, en el contexto en el que él se encontraba cuando lo hizo, el porqué él pensaba que lo hizo, en él, él, él.

Y lo escuché. Lo escuché y lo alenté y cargué con todos sus sentimientos, y, entonces, además de cargar con lo mío, cargué con lo suyo, y dolió.

La labor emocional nos enseña a cargar con todo lo nuestro y con lo de aquellos que nos lastiman. En nuestra lucha, no merecemos seguir cargando con lo que nos hicieron, con las lágrimas de quienes nos mataron, con los estatutos de quienes nos violentaron. Sí: lloro, grito y se me quiebra la voz en mi lucha. Me pongo personal porque es personal. Porque es momento de tomar estas emociones y hacer que trabajen para nosotras, no para que ellos sigan cómodos con lo que ya nos hicieron.

Ilustración de lightthefuze

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