‘La Belle Sauvage’ y les niñes

Leí “La Brújula Dorada”, y sus secuelas, muy tarde en mi vida. Aunque mi hermana me insistió muchísimo que lo leyera cuando tenía unos 12 años, simplemente no me llamaba tanto la atención. Fue hasta que tenía 17, cuando un amigo me prestó toda la trilogía de “La materia oscura” en su edición británica porque “son los que no están censurados” (ahora explico) que me vi obligada a leerlos.

Esta trilogía generó tanta controversia que su adaptación a la pantalla grande en el 2007 pasó por mil revisiones y ni siquiera tuvo una secuela (que es una lástima, porque el elenco estaba increíble). Esto se debe principalmente a que uno de los principales antagonistas es El Magisterio, una teocracia opresiva internacional que en muchos sentidos se parece a la iglesia católica (ups). El tercer libro se enfoca mucho en esto y además trata temas de madurez, inocencia y el despertar sexual, de una forma que, a mi parecer, es muy respetuosa, pero de todas maneras llevó a que la edición americana del libro tuviera fragmentos censurados.

Sin embargo, hoy no les quiero hablar sobre estos libros, sino sobre “La Belle Sauvage”, primer libro de una nueva trilogía que se encuentra en el mismo universo. Me encantó volver a visitar este mundo alterno que combina aventura, intriga política y dilemas morales, donde las personas tienen manifestaciones externas de su alma en la forma de un animal (daimonion). Pero además no pude dejar de pensar que en esta novela, al igual que en su trilogía anterior, Philip Pullman trata a les niñes como seres inteligentes. Puede sonar como algo muy obvio, pero son personajes que sin perder lo más característico de su niñez, saben cuestionar y formar criterios.

La Belle Sauvage 2
Imagen de His Dark Materials Wiki

Esta serie empieza de forma similar a “La Brújula Dorada”: con un niño de 11 años. Malcolm Polstead va a la escuela y apoya en las labores de la posada de sus padres. Escucha las pláticas de los grupos diversos de personas que frecuentan el lugar pero nunca participa, pues sabe que no lo escucharían. En su tiempo libre, usa su pequeña canoa para ir a platicar y ayudarle a las monjas de un convento cercano.

Desde el principio de la novela se puede detectar una crítica a la religión organizada, aunque no necesariamente a todas las personas fieles a ella. Queda claro en el caso de las monjas, que son amables y devotas pero no toleran los abusos de la policía religiosa. Por otro lado se encuentra la Liga de St. Alexander, un proyecto que esencialmente “autoriza” a niñes de once años para reportar a les adultes a su alrededor por ser “herejes” y crea un ambiente de miedo perfecto para los abusos de poder.

No quiero dar spoilers de la novela, pero durante toda la trama es interesante ver cómo les adultes tienen sus propios planes y Malcolm sólo observa—muchas veces pasando desapercibido por su juventud—y elige en quien confiar y en quien no. Malcolm comenta lo que ve y le da curiosidad con la única adulta que lo toma en serio, una académica llamada Hannah Relf, quien le presta libros de diferentes temas y luego lo invita a discutirlos con ella.

Además de que Pullman tiene un estilo muy bonito e integra temas de teología y física en un mundo de ciencia ficción muy cuidado, lo que me llevo de esta novela es ese trato hacia les niñes. El mundo de Malcolm refleja de forma muy realista lo que vivimos en el nuestro: hay personas que tratan a les niñes como seres inteligentes, otres que les subestiman, y otres que se aprovechan de su inocencia.

Así que se sentía bien al verlo tan entusiasta y feliz mientras caminaba, eligiendo libros y viéndolos y leyendo la primera página y regresándolos antes de intentar con otro. Se veía reflejada en este niño curioso.
Al mismo tiempo, se sentía horriblemente culpable. Lo estaba explotando; lo estaba poniendo en peligro. Lo estaba convirtiendo en un espía. Que fuera valiente e inteligente no cambiaba nada; seguía siendo tan joven que no se daba cuenta del resto de chocolate en su labio superior. No era algo para lo que podía ofrecerse como voluntario, aunque supuso que lo habría hecho ávidamente; lo había presionado, o tentado.
(Fragmento de ‘Chapter 5: The Scholar’, traducción por la autora.)

Será porque me identifico con estos personajes que a los 11 años quieren saber más y entender al mundo, o porque tengo muy presente que en México hay varios grupos (religiosos) que buscan censurar temas de educación sexual en las escuelas para “proteger la inocencia”, pero los personajes y las dinámicas que crea Pullman son muy vigentes para nuestra realidad y llevan un mensaje poderoso. Malcolm y su amiga Alice pasan por situaciones que definitivamente no le corresponden a niñes de 11 y 15 años—hay un pasaje donde él mismo dice “estoy muy joven para todo esto”. Pero el que reconozcan su juventud y su inocencia no les quita inteligencia o pensamiento crítico.

“La Belle Sauvage” es un libro que me encantaría haber leído cuando tenía 13 años, pero que puedes disfrutar a cualquier edad. Se los recomiendo muchísimo, y si tienen hermanes, primes, o sobrines jovenes, no duden en compartirlo con elles.

Foto de Annie Spratt en Unsplash.

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