Catálogo de lesbianas

De un tiempo para acá, digamos desde que me empecé a identificar como lesbiana y a juntarme con personas lgbt+, me ha llamado la atención el uso de la categorización (particularmente) de las mujeres que rompen con el “estándar” dentro de esta misma comunidad o que, a veces, viene de fuera.

Me acuerdo de que mi mamá me dejaba elegir mi ropa y hay fotos en las que estoy junto a mi prima —ella en un vestido de flores y yo con un pantalón doblado hacia arriba (digamos “arrepiernado”), una playera de los caballeros del zodiaco, tirantes, calcetas rojas y unos tenis tipo converse— para sorpresa de nadie, las dos nos vemos súper felices. Supongo que otros padres se hubieran preocupado porque su hija se vestía “como hombre”, pero mi mamá me dejó ser y me ayudaba a plancharle los parches a mi playera.

A lo largo del tiempo seguí eligiendo la ropa que más me gustaba, la que me hacía sentir cómoda y un día empecé a layer up para esconder mis senos. Era bastante difícil tener que usar chamarras aunque hiciera calor en la escuela y aun así escuchar a mis compañeros gritarme “Guarneros, te vas a ir de boca”. Entre una cosa y otra, empecé a comprar “ropa de hombre” porque era más grande y me ocultaba mejor, porque me hacía sentir más cómoda.

No sé bien desde cuándo empecé a escuchar las palabras “marimacha” y “machorra”; en general no entendía, pero en cuarto de primaria oía que Chuchita era marimacha o que seguro era machorra. Lo único que yo veía diferente en Chuchita era que jugaba muy bien basketball y que era más alta y robusta que el resto.

Me olvidé de eso durante mucho tiempo y después de muchos años, cuando salí del clóset, empecé a escuchar que Juanitos y Petritas decían de mí que “era de esperarse, siempre fue machorra”, “se ve que quiere ser hombre”, “se vestía como marimacha”, etcétera. Después, igual y gracias al spanglish y a la globalización, pasé de ser machorra y marimacha a ser butch (qué elegante). A veces me decían que era una butch súper guapa y la verdad, más allá de halagarme, me sentía muy incómoda sin saber exactamente por qué.

Empecé a leer sobre qué era ser butch y descubrí que básicamente es una categorización que se hace por ser “masculina” además de “grande” o “gorda”. Mi problema con butch es que en más de una ocasión se reduce a la mujer a su físico. Igual y no me sé de pe a pa las categorías pero va algo así: si te ves y arreglas como “mujer”, eres femme; si andas como a la mitad, estás delgada y te gustan los pantalones y las franelas, eres tomboy o chapstick, y al final nos quedamos con las butch, que es más o menos lo mismo que tomboy o chapstick pero en XL.

Siento que en muchos lugares o eres mujer o no eres, y si no eres es porque quieres ser hombre. Muchas veces también así se entiende en las familias cuando les dices que eres gay. Y yo sé que esto tiene muchos matices, pero vamos al problema que le encuentro a usar estas palabras en particular para referirse a alguien que no te ha dado su autorización o que sí te la dio, pero quizá no está tan consciente de la carga lingüística.

El lenguaje pesa y creo que querer apropiarse de ciertos adjetivos o apelativos sí sirve y tiene fuerza. Yo misma llego a decir que “soy jota y se me nota”, pero ser jota o joto —que tuvo origen en el Palacio de Lecumberri, donde encerraban a los presos en pasillos que se identificaban con una letra de acuerdo al “crimen” cometido; en este caso, en la “j” encerraban a «las personas que eran consideradas homosexuales o “jotos” –bautizados así por la letra de su crujía–» (Delgadillo)— no tiene el mismo peso lingüístico que “ser machorra” o “ser marimacho”.

En el español creo que, en primer lugar, tenemos que pensar un poco en las palabras machorra y marimacho/a por sí mismas, sin la “buena intención” de apropiarse de nada. Si hacemos un análisis desde el punto de vista lingüístico, el lexema (la parte que le da significado a una palabra, tal cual) es macho y nos quedamos con -rra que simplemente remite a un “intento de” o a un “casi, pero no”. Luego vamos a marimacho: mari- es el apócope de María y se sigue de la misma partícula que da significado a machorra: volvemos al macho.

Creo que las categorizaciones de este tipo son muy problemáticas e incómodas. A fin de cuentas, no tendría por qué importarnos cómo se vistan las demás personas ni cómo se vean, creo que es hora de que empecemos a reconocernos como individuos que expresan lo que son a través de sus gustos y preferencias. En pocas palabras, que les valga, cñores, si alguien es femme, tomboy, chapstick, lipstick, boi, soft-butch o butch. Debajo de cualquiera de estos calificativos hay una mujer a la que están dejando de ver por las ganas incontrolables de categorizar a las personas en celdas que nadie pidió.

Fuente:

Delgadillo, Magalli. “El palacio negro que inventó a los “jotos””. El universal, 1 de junio de 2016, http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/colaboracion/mochilazo-en-el-tiempo/nacion/sociedad/2016/06/1/el-palacio-negro.

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