Sombra aquí y sombra allá

Siempre he sido muy mala aceptando cumplidos, tanto así que para este punto ya me convertí en una veterana de la sonrisita apenada acompañada de una encogida de hombros y un cambio de tema. Pero si hay cumplidos que jamás evito, son aquellos que van dirigidos a mi maquillaje. Un gracias casi cantadito sale de mi boca rapidísimo. Y es que, para mí, maquillarme es uno de los rituales más importantes.

Mi amor por el maquillaje, a diferencia de las otras pasiones en mi vida, evolucionó poquito a poquito y nuestra relación al principio era muy complicada. Por muchos años me vi obligada a usarlo, no porque quisiera, sino porque mi maestra de baile no me dejaba salir en funciones sin tener tres kilos de menjurje encima. A raíz de esto, cuando me convertí en puberta, hubo en mí un proceso opuesto al del resto de mis amigas. Mientras ellas se robaban lo que había en el neceser de su mamá, yo me mantenía lo más alejada posible. Cuando volví a usarlo fue, otra vez, obligada, en esta ocasión por mi mamá, porque una dama de quinceaños no podía presentarse a la fiesta con la cara recién lavada. Eventualmente, como quien no quiere la cosa, fui aceptando que a lo mejor era lo que me tocaba. Para mi último año de prepa, ya me levantaba religiosamente por la mañana a embarrarme todo lo que tuviera en mi bolsita de maquillaje.

sombras

El desenlace inevitable de ese proceso fue detestar nuevamente el concepto y, entonces, empecé otra vez mi huelga. Necesitar el maquillaje ya no me parecía sostenible, era casi otra responsabilidad más. Este tiempo en huelga fue la mejor decisión que pude haber tomado, porque me permitió finalmente dejar de verlo como otra imposición del patriarcado. Una vez que me acerqué al maquillaje desde la exploración y no la obligación, me pareció natural reclamarlo como algo mío y nada más.

El maquillaje para mí ya no es sobre el patriarcado, porque ya no lo hago como una performance para los demás. Yo no me maquillo porque quiero ser bonita, no me maquillo porque quiero verme bien para el mundo. Lo hago porque me representa un espacio sin reglas, un proceso experimental sin principio ni final, que me deja jugar con distintas narrativas libremente. “¿Quién quiero ser hoy?” es la pregunta que me hago cada que me siento frente al espejo y veo mi arsenal de sombras, glitters, highlights y primers.

ojos

Sin embargo, algo que va inherentemente con las narrativas, es el hecho de que va a existir un efecto sobre la percepción de los demás hacia mí. Lo que me parece importante, es que la motivación por hacerlo no parta de un “quiero que los demás me perciban así”, sino de un “yo sé que _yo_ me voy a sentir empoderada, independientemente de lo extrínseco”. En otras palabras, el approach hacia el maquillaje debería de ser menos un “no me mires, no me mires, déjalo ya, que no me he puesto maquilla-je-je-je” y más un “me solté el cabello, me vestí de reina, me puse tacones, me pinté y era bella”. El proceso de mojar mi beautyblender  y difuminar mi base, no nace del deseo de que los demás no vean que no está bien aplicada. Nace de la certeza de que tengo el talento necesario para transformar mi carita en un lienzo. Cada lewk que decido plasmar con sombras es mi obra maestra. En cada toallita desmaquillante dejo vestigios de esfuerzo y dedicación.

Además de todo esto, gracias a la diosa, hoy existen una amplia oferta de productos de bajo costo y buena calidad, hechos por compañías dirigidas por morras e incluso libres de crueldad y veganos. A pesar de que aún es una industria problemática (mi top problematic fave, de hecho), poco a poco surgen iniciativas dentro de la misma por hacer que los cosméticos sean sobre empoderamiento y no sobre verse bien para les demás. Sally Beauty es una de mis empresas favoritas porque han lanzado campañas publicitarias increíbles, que demuestran que sí se pueden hacer las cosas bien.

Me maquillo porque me divierte y me relaja. Mi amor por este mundo también me ha llevado a volverme más cercana con amigues, y constantemente me permite sentirme talentosa. Pero, más que nada, me maquillo porque es una de las actividades más íntimas que tengo conmigo misma, porque al final, al chile me encanta verme en el espejo con un montón de glitter, los labios rosas y un highlight digno de canción de J Balvin.  

boca

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