Lxs bonobos o la evolución en femenino

“Una realidad diferente es posible”. Yo sé, suena a algún vencido eslogan político o publicitario que nos han metido en la cabeza desde pequeños.

¿Pero qué pasa cuando se descubre que esa “otra realidad posible” es sumamente cercana a nosotros? Tan cercana como una especie que es idéntica a la nuestra, homo sapiens, en un 98.7% de nuestra base genética. Este es el caso de los bonobos (pan paniscus), especie de simios originaria del territorio de la República Democrática del Congo, que algunos científicos consideran puede ser incluso más cercana genéticamente a nosotres que los mismos chimpancés1.

Leyendo  más sobre esta especie, me encontré con una serie de datos fascinantes sobre sus conductas y formas de organización social. Lxs bonobos tienen una sociedad matriarcal de estructura flexible y horizontal. Las hembras mayores son las encargadas de mantener la paz y estabilidad, y el sexo y los juegos tienen un papel clave para esto al practicarse de formas sumamente variadas e imaginativas. Estas actividades son realizadas por lxs bonobos no con fines  reproductivos, sino para establecer vínculos afectivos fuertes y para resolver conflictos sin llegar a la violencia. Además, son vegetarianos (se alimentan principalmente de frutas), caminan el 25% del tiempo erguidos, y cuentan con un amplio repertorio de comportamientos sociales derivados del papel prioritario que sostienen las hembras en sus sociedades2.

En contraste, los chimpancés mantienen sociedades jerárquicas rígidas que utilizan la violencia como forma de dominación y control social, son xenófobos (entran en conflicto con otros grupos de su propia especie), utilizan el sexo únicamente en su función reproductiva y sus poblaciones suelen organizarse alrededor de un macho dominante. Y esta es es la especie en la que por décadas los científicos se basaron para explicar la vida humana en sus orígenes.

Para explicar nuestros orígenes, paleontólogos, antropólogos, biólogos y demás, han interpretado nuestra historia evolutiva con un marcado sesgo de género. La historia de nuestra evolución es una materia que ha sido estudiada en su gran mayoría por hombres, por lo que no es de sorprender que su narrativa esté plagada de un notable androcentrismo, es decir, la identificación de lo masculino con lo humano en general. Esto es hasta cierto punto comprensible si tomamos en cuenta que los estudios evolutivos desarrollaron sus teorías inmersos en la perspectiva que la historia cultural occidental fue tejiendo.

Basta con leer las tesis darwinianas que el británico expresaba en El origen del hombre (1871) para entender por qué las ciencias naturales no se preocuparon hasta hace muy recientemente por desmentir la visión ampliamente aceptada respecto a la posición inferior que las mujeres sostenían “por naturaleza” frente a los hombres. Según dicha obra, las mujeres tienen cualidades como la intuición, imitación y rápida percepción, y se dedicaban principalmente a la procreación y la crianza, facultades que se solían identificar como características de razas inferiores, menos evolucionadas. En contraste, los hombres estaban obligados a cuidar y abastecer a las mujeres y crías de las tribus, para lo que tuvieron que desarrollar antes coraje, agresividad, energía y, de especial importancia, una mayor capacidad para pensar.

Pero ya han pasado muchos años desde Darwin, y es hora de cuestionarnos lo que nuestra sociedad moderna, científica y amante de la razón nos ha querido vender como verdades objetivas. No hay verdades objetivas en las disciplinas que pretenden explicar el comportamiento de las sociedades humanas.

Como el reciente estudio de las sociedades de lxs bonobos demuestra, no existe una “naturaleza” humana con pautas de comportamiento, conductas y dinámicas fijas e incuestionables. Por años disciplinas como la primatología y la paleoantropología, al identificarnos con nuestros primos lejanos los chimpancés, justificaron nuestras formas violentas de relacionarnos y la organización patriarcal de la sociedad al alegar que nuestros orígenes evolutivos así lo disponían. Pero, ¿qué pasa si volteamos a ver a lxs bonobos? ¿Los humanos somos más bien imaginativos, cariñosos y pacifistas por naturaleza? ¿Deberíamos regirnos por una sociedad matriarcal, donde el sexo se utilizara para fortalecer vínculos y alianzas, y el placer y cuidado mutuo se procurara más que la dominación y el poder?

Las feministas rechazamos categóricamente la idea de que haya una naturaleza que determine la inferioridad femenina, así como cualquier proposición científica que pretenda respaldarla. Combatimos constantemente esa anticuada creencia de que nuestras funciones se deben limitar a lo doméstico y la crianza, y que nuestras capacidades físicas y mentales son en modo alguno menores a las de los hombres.

Por eso al adentrarme en el bello y amoroso mundo de lxs bonobos, sentí una pequeña pero poderosa esperanza de que, tal vez, una realidad social distinta sí es posible. Es posible viendo el otro lado de nuestra historia, ese lado desconocido o ignorado  por siglos. Cuestionando lo que una ciencia profundamente patriarcal ha hecho que se conciba como lo “natural” al seleccionar, consciente o inconscientemente, información que se ha presentado como objetiva y que ha sostenido y alimentado el paradigma androcentrista que hasta la fecha domina nuestra historia. Porque si lxs bononos lograron construir y mantener tan agradables formas de convivencia, ¿Por qué los sapiens no?

Fuentes:

  1. Carolina Martínez Pulido (2015). Las comunidades de bonobos: un comportamiento esclarecedor. Consultado en: https://mujeresconciencia.com/2015/06/17/las-comunidades-de-bonobos-un-comportamiento-esclarecedor/
  2. Diana Torres (2013). Bonobo: una especie que puede inspirar la revolución. En: Miriam Solá y Elena Urka (2014) “Transfeminismos. Epistemes, fricciones y flujos” Ed. Marea Negra
  3. Carolina Martínez Pulido (2015). La evolución humana con perspectiva de género: un combate por la objetividad. Consultado en: https://mujeresconciencia.com/2015/01/07/la-evolucion-humana-con-perspectiva-de-genero-un-combate-por-la-objetividad/

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