Una juventud intermedia

Durante toda mi niñez y adolescencia, siempre veía a gente que era unos cuantos años mayor como grande. Ir al piso de secundaria cuando estaba en cuarto de primaria me hacía sentir como en la tierra de gigantes, así como cuando en prepa iba a la biblioteca de la universidad y sentía que todes se me quedaban viendo porque me veía bien morra.

Esto no es algo mío en particular. No dudo que hay algún nombre oficial para nuestra percepción de la gente mayor como más mayor (¿?). Pero desde que me gradué de la carrera me siento abrumada al pensar en si soy o no soy “adulta”. Mi forma de medir el tiempo (y la madurez) en años escolares se acabó, y ahora lo que queda es averiguar cómo y por dónde seguir.

Y esta sensación no tiene un origen misterioso. Es simple y sencillamente porque la realidad que vivo es muy diferente a la de mis papás y hasta de gente 15 años mayor que yo.

¿Qué define la adultez? ¿Cumplir 18 años? ¿Tener un empleo estable? ¿Tener un AFORE? ¿Escuchar Luis Miguel no irónicamente? ¿Dejar de leer libros para adolescentes?

No sé en qué momento pasé a formar parte de “los grandes”. Mi hermana es siete años mayor que yo y siempre la vi como una persona adulta y madura. Sin embargo, me acuerdo de ella a los 21 y me doy cuenta de que ahorita yo soy mayor que esa “adulta” que me cuidaba cuando yo era una inútil de 14. Lo que lo hace más confuso es que sé que a los ojos de otras personas, sí soy “grande”. Lo vivo todos los días cuando interactúo con mis alumnes de 15 años. Yo les veo la cara de niñes todavía, y no dudo que a mí me ven como toda una señora (aunque saben que tengo 23).

fellow kids
Meme originado por ’30 Rock’, o cómo me siento saludando a mis alumnes todas las mañanas.

Cuando era niña pensaba que para los 25 años iba a estar casada y con hijes (dos) y que iba a ser veterinaria (porque me gustaban los animales, y eso estudiaba la gente a la que le gustaban los animales, ¿no?). La fórmula de estudiar, casarse, trabajar y tener hijes fue todo lo que conocí por mucho tiempo. En cambio, al acercarme a esa edad veo que la realidad de mi generación se parece más a esa traducción terrible del título de “Juno”: crecer, correr y tropezar.

Desde que se acercaba mi graduación de carrera siento que estoy en un periodo de transición que no se acaba. No es porque me siga sintiendo adolescente, o por inmadurez (creo), más bien porque muchas cosas en mi vida entran en la categoría de “adulto responsable”, pero yo me sigo sintiendo como que no soy. A veces siento que llevo una doble vida, por el simple hecho de que mantengo una división binaria entre lo que me gusta y hago que es “de adulta” y “de chiquita”.

En las palabras inmortales de Britney Spears, me siento not a girl, not yet a woman.

Y por un lado es algo que me hace feliz. Me gusta tener tantas opciones en mi vida y sé que es un privilegio. También me gusta tener esta juventud diferente (por no decir extendida) en la que no soy una adolescente pero tampoco vivo la misma adultez que una persona de mi edad hace 30 años. Pero el que mis decisiones de vida y la realidad que vivo sea tan diferente a la de mis papás me da mucho miedo, porque sé que en vez de tener un camino (más o menos) definido, voy a tener que ir navegando por donde crea que es mejor, sin sentir que me caigo al vacío de lo desconocido.

Mi gran consuelo en eso es que sé que no estoy sola. Siendo muy honesta, todavía le pido ayuda y consejos de vida a mi hermana para demasiadas cosas. Pero también sé que hay mucha gente que está en las mismas que yo. Las pláticas con mis amigas incluyen reírnos de las mismas estupideces que en prepa y luego hablar de trabajos y debatir quién se casará primero. Un día estábamos hablando sobre impuestos y noticias y al siguiente día nos tatuamos impulsivamente con un descuento del Buen Fin.

Los cambios nunca se van a acabar. Tengo mucho que aprender y definir, muchas cosas por ver y errores que cometer (qué miedo). Pero creo que la sensación de estar en transición no va a desaparecer hasta que me acostumbre a que todas estas cosas no van a suceder “cuando sea grande”, porque lo quiera o no, ya lo soy.

 

PD: Por si no lo han visto, Mar escribió hace poco sobre sus más grandes aprendizajes de convertirse en adulta.

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