Cosas que he aprendido en el camino

Cuando era niña quería ser adulta, ahora que soy adulta, quiero ser niña. Probablemente algunes comparten el sentimiento. Las responsabilidades o problemas no se acaban, cada que logras algo, surge otra cosa que desconoces que debes resolver o aprender a hacer. Crecer o convertirse en adulte es más difícil de lo que parece, pero creo que podemos coincidir en que hay que llevarlo paso a paso.

Ser “grande” también tiene sus beneficios: puedo salir a mis anchas, comer en lugares interesantes, comprar ropa linda, libros, etc. Entre esos beneficios, quizá lo que más valoro es lo que he aprendido hasta ahora. 

Me consideraba una persona madura desde la prepa, pero no fue hasta que entré a trabajar que realmente maduré, o como quien dice: me di cuenta. 

Me di cuenta del costo de las cosas, de que no todas las personas son amigables o tus amigas, que es necesario comer vegetales, hacer ejercicio, entre muchas otras.

De eso que he aprendido, creo que esto es lo que atesoro. Aclaro que estas son cosas que me han funcionado en lo particular y tal vez no apliquen para todas las personas.

Valorar a las amistades que te apoyan y te empujan a ser mejor. Ya sea con su ejemplo o con sus acciones, algunas amigues me han ayudado a sentirme segura, a expresar mis opiniones, a creer en mis habilidades y a cuestionar mi realidad. Cuando elles creen en mí y me recuerdan que soy talentosa, me lo creo. Y cuando me hacen notar que algo está mal, pongo atención para remediarlo. 

Cuidar mi cuerpo. Me es difícil entender que si la harina blanca me inflama, no debo comer panes o pastas que sean de ese tipo. Enfermarme cada tres meses por comer eso en exceso fue una señal de que algo tenía que cambiar. Comer más verduras, tomar más agua son pasos simples para no sentir que voy a explotar cada que salgo a cenar. No siempre sigo mi propio consejo, pero la sensación de bienestar me motiva a seguir haciéndolo.

Hacer ejercicio. Los beneficios son muchos: me siento más feliz, me ayuda a la digestión, me desestreso y me fortalezco. Se siente bien poder cargar mi propio peso sobre mis brazos cuando hago lagartijas.

Mantener el optimismo. Quizá soy ingenua, pero me gusta pensar que siempre hay una solución a los problemas. Tener esperanza en que las cosas se van a resolver con el tiempo me ayuda a mantenerme tranquila. 

Conocer mis reacciones. Saber cómo reacciono a lo inesperado o conocer lo que mejora mi estado de ánimo cuando estoy triste me ayudar a resolver problemas y a mantener la calma en algún momento difícil. Sigo descubriendo y entendiendo mis emociones y creo que es un proceso que seguirá por mucho tiempo.

Entender. Con el tiempo también he llegado a entender por qué mis papás hacían ciertas cosas o tomaban ciertas decisiones. Entenderles y perdonarles en ocasiones me ha resultado más fácil que seguir cuestionando sus métodos. 

Si me caigo, me levanto. Solía temerle muchísimo al fracaso. Aún me da miedo, no lo niego. Sin embargo, trato de tener en mente de que si me equivoco, no es por falta de capacidad y que algo puedo aprender de mis errores.

Algunas de estas cosas las he aprendido a la mala y creo que seguiré aprendiendo en el camino. En general, para mí crecer significa entender, perdonar y conciliar. Entenderme a mí misma, a mis papás, mi entorno, mis amigues, etc., perdonar lo que ya pasó y conciliar mis expectativas con la realidad.

 

Pd. Mientras buscaba con qué foto acompañar este artículo recordé esta maravillosa canción:

Un comentario en “Cosas que he aprendido en el camino

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