¿Alzas a impuestos vehiculares? #AsíNo

Hace algunos días recibimos la noticia de las próximas alzas a impuestos vehiculares en Nuevo León. Tener un carro no debería de ser un derecho y mucho menos en un estado con calles tan violentas, peligrosas y excluyentes. Urgen medidas que desincentiven su uso y ofrezcan alternativas pero Monterrey es un lugar surreal y, muchas veces, se hacen cosas que ni nos perjudican, ni nos benefician, sino todo lo contrario. Esta es una de ellas.  

A grandes rasgos, lo que sucedió fue que el Congreso local aprobó la Ley de Hacienda del Estado de Nuevo León para este año, y con ella, los aumentos a los impuestos vehiculares. Esto, además, desencadenó una serie de respuestas ciudadanas y protestas organizadas por las amenazas de un adicional tarifazo aplicable al transporte público. Es decir, estamos hablando de dos cosas distintas: una es el alza a las tarifas vehiculares, que ya es un hecho, y la otra es la posibilidad de un aumento a las de transporte público, las cuales aún podemos tratar de detener. Comencemos con las vehiculares.

Como de costumbre, la falta de transparencia no dejó ver de dónde surge la necesidad de implementar esta medida o a qué responde. Donaldo Colosio, diputado local de Movimiento Ciudadano, compartió el razonamiento detrás de su voto en un tuit donde señala a los supuestos culpables: el presupuesto federal y lo poquito que le toca a NL, los malos manejos de las distintas dependencias y la falta de buena administración financiera de nuestras instituciones. No es ningún secreto que en el estado hay una cantidad excesiva de vehículos en circulación y que los ingresos generados por ellos son de interés político, pero no queda claro por qué los aumentos se tienen que dar en esta área hasta que Colosio menciona un muy necesitado programa para la calidad del aire y urgentes mejoras en materia de movilidad.

Recordemos (¿cómo olvidarlo?) que vivimos en un modelo urbano impuesto tanto por fuerzas económicas como por la falta de regulación de las autoridades, y que estamos caminando entre fuentes de contaminantes que nos ocasionan enfermedades respiratorias, accidentes viales y muertes. Hagamos énfasis en que gracias a ello, las personas cada vez vivimos más lejos de nuestros lugares de trabajo y tenemos que destinar un mayor porcentaje de nuestros salarios a cubrir gastos de transporte, ya sea en vehículo particular o transporte público. No solo eso, sino que a quienes más perjudica este modelo insostenible es a los sectores de la población más vulnerables, a quienes no tienen el privilegio de elegir cómo se van al trabajo todos los días. La desigualdad de la que tanto platicamos es dolorosamente obvia cuando analizamos cómo nos movemos y cuánto nos cuesta hacerlo.

Escenario. Los especialistas en economía de la entidad consideran que los empleadores locales deberán de compensar el gasto que sufrirá el trabajador para trasladarse a sus empleos ante el alza a las tarifas al transporte público.
Foto: El Financiero

Bajo estas premisas, Colosio sustenta que es “imposible que un legislador pueda evitar el cobro de derechos al auto y sus derivados si al mismo tiempo pretendemos mejorar nuestro medio ambiente y movilidad urbana”. El diputado cierra su aclaración enumerando los programas a los que se destinará el dinero y es aquí cuando nos enteramos de que la mayoría no tienen nada que ver con todo lo que se acaba de mencionar sino con necesidades urgentes relacionadas con educación, salud, emprendimiento, deporte, etc.

No solo eso, sino que el presidente del PRINL, Pedro Pablo Treviño, ya exigió al gobernador que estos recursos vayan etiquetados exclusivamente al tema de seguridad, aunque nada tiene que ver con las incidencias negativas de los vehiculos motorizados. Myrna Grimaldo, diputada del PAN, afirma que la mitad de lo recaudado se destinará a implementar una verificación vehicular gratuita.

Incluso Jaime Rodríguez Calderón tuvo que salir a justificar estos aumentos diciendo que “es la única forma que tenemos nosotros de tener los programas, de comprar estaciones de monitoreo ambiental, de hacer todos estos programas de reforestación, de tener completa la reforestación de la cuenca del agua, alguien tiene que pagarlo y es el que tiene un carro”.

O sea que esto va a funcionar como siempre, como una bolsa compuesta de distintos ingresos, incluidos los relacionados a los derechos vehiculares, con los cuales se van a financiar una serie de programas, entre ellos el de mejoramiento de la calidad de aire. Sin embargo, no se ha comunicado claramente cuáles van a ser los programas que reciban mayor parte del presupuesto. Además, los impuestos no están etiquetados directamente para ser destinados a rubros de movilidad o calidad de aire, o sea que no necesariamente van a usarse para ofrecer alternativas de movilidad.

Foto: Vanguardia

Luego viene lo peor: las amenazas de un tarifazo. Debido a la falta de transparencia, la información que conocemos sobre la magnitud de las posibles alzas a los costos de transporte público es muy limitada. Existen algunas declaraciones regadas sobre alzas ya autorizadas por el gobernador, juntas a puerta cerrada entre Rodríguez Calderón y transportistas, videos de Facebook, etc. Como respuesta, han surgido esfuerzos de resistencia por parte de colectivos como Únete Pueblo, quienes han convocado a protestas y a un plantón afuera del Palacio de Gobierno. Aunque aún no está confirmado oficialmente, parece que el tarifazo será una representación tangible de las incongruencias de este gobierno que, entre tanta declaración sobre la urgencia de atender la calidad del aire y temas de movilidad, sube los precios del ya deficiente transporte público sin ofrecer mejoras ni alternativas.

Parece que hay voluntad política para cambiar las cosas pero seguimos sin verla en acción. Ya vimos que dentro del congreso local se dieron reflexiones que evidencian las consecuencias negativas del uso desmedido del carro como medio principal de transporte. Leímos al gobernador expresar su preocupación por la calidad del aire y señalar “al que tiene carro” como responsable de pagar para mejorarla. Entonces, ¿por qué no se etiquetan estos impuestos para usarse exclusivamente en algo pertinente? Por ejemplo, en dignificar las condiciones del transporte público, en infraestructura peatonal y ciclista, en cubrir los gastos que los transportistas dicen no poder cubrir, en programas de verificación vehicular, en programas de calidad del aire, etc.

No estamos viendo la solución que nos merecemos. Si de verdad hay voluntad política para mejorar la calidad del aire y la movilidad urbana, se debe convertir en políticas públicas que ataquen directamente los problemas, sin sacarles la vuelta, de forma transparente y cerca de la ciudadanía.

He soñado con el día en el que en esta ciudad le haga justicia a las necesidades de la mayoría de quienes la habitamos. Quiero que existan otras alternativas de movilidad y que las opciones más privilegiadas sean las que aportan los recursos necesarios para mejorar las condiciones de las demás. Tener un carro no es ni será nunca un derecho, pero la movilidad sí lo es y es obligación del estado ofrecer suficientes opciones a las que podamos acceder. Merecemos que, si llegan a ser necesarios, los cambios en tarifas tengan un impacto real en las condiciones del transporte público; lo mínimo que vamos a aceptar es un servicio de calidad.

Necesitamos urgentemente que se diseñen formas de mejorar la eficiencia del sistema de transporte público que tenemos, considerando que el aumento de tarifas debería de imponerse solamente cuando sea absolutamente necesario. Estos procesos, además, se deben llevar a cabo con total transparencia y dejen de castigarnos por errores de administración de recursos o por irresponsabilidad de nuestras instituciones.

Desconozco la ruta más rápida para que nos acerquemos a esta realidad, pero estoy convencida de que hay muchas formas en las que podemos aportar. Si quieren asistir a la protesta a la que se convocó, asistan. Si eligen no pagar sus impuestos como protesta, dense. Igual y eligen participar en mesas de trabajo, u opinando en foros públicos o sus redes sociales. Lo importante es que no perdamos de vista este tema, especialmente si formamos parte del sector privilegiado que tiene el lujo de elegir cómo moverse basado exclusivamente en comodidad.

Imagen destacada: Milenio

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