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Met Gala ‘Camp’: las resistencias están obligando a la moda a cambiar

Por Mariana Limón

La alfombra rosa del evento Met Gala ‘Camp’ prueba que los reclamos contra la industria de la moda –que se han acumulado por décadas, desde diferentes frentes– están funcionando. Algo se está rompiendo. La industria está siendo obligada a adaptarse y nuevas voces, diversas, están usando estas plataformas para dar mensajes políticos y esperanzadores.

Conversemos sobre la Gala del Met porque ha sido una de los mejores desde que el evento tiene temática (1971). Conversemos porque hubo mensajes y lecturas importantes sobre representación, minorías y resistencias políticas. Conversemos porque –odiemos la la moda o no– es uno de los eventos de la cultura pop más seguidos y, por ende, sus imágenes tienen impacto. Conversemos, por último, porque los atuendos fueron coloridos, extravagantes, excesivos, muy divertidos y –en medio de sociedades polarizadas– crearon un escape de la realidad por un rato: la fantasía siempre hay que disfrutarla (y después cuestionarla).

Ahora sí. ¿Qué pasó con la Gala?, ¿quiénes llevaron los “mejores” atuendos (sí, así, entrecomillado)?, ¿por qué aunque el tema era apolítico fue una de las alfombras más políticas?

Primero, contexto. En especial para las personas que no tienen ni idea de qué sacudió la alfombra de ayer. La Gala del Met es un evento anual para recaudar fondos para el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) que inició en 1948. Ha mutado con los años. Hoy, muchos dicen que es como los Óscar de la moda (sin las estatuillas).

Este 2019, el tema fue ‘camp’, inspirado en el ensayo Notes on ‘Camp’ (1964) de Susan Sontag. Definir ‘camp’ es extenso porque es una estética viva desde hace siglos. Pueden ser ‘camp’ ciertos muebles, películas, restaurantes, novelas y hasta postales.

Lady Gaga, Ezra Miller yKylie y Kendall Jenner.

Algunas frases del ensayo lo resumen así: «es un gusto en las personas», «una concepción del mundo en términos de estilo […] el amor a lo exagerado, lo “off”, el ser impropio de las cosas», «una mujer caminando en un vestido hecho con tres millones de plumas». En moda, esto se traduce como atuendos extravagantes, excesivos, casi kitsch, andróginos, teatrales, híper sexuales, irónicos, glamourosos. Para visualizarlo mejor: pensemos en el poderoso estilo de las drag queens.

Los “mejores” atuendos y el mensaje de que algo está cambiando

Lxs ganadorxs indiscutibles de la alfombra rosa de la Gala fueron miembros de la comunidad LGBT+ afroamericana: Janelle Monáe, con sus icónicos top-hats y un vestido rosa lleno de referencias al arte pop y abstracto; Billy Porter, con su entrada teatral siendo cargado como emperador y un atuendo dorado con guiños a Cleopatra; RuPaul, con un traje de lentejuelas que formaban líneas rosas y negras; Laverne Cox, con un vestido negro con decoraciones en los hombros que llegaban hasta su cabeza; y Lena Waithe, con un saco estilo ochentero que leía «Black drag queens inventend camp».

Janelle Monáe, Laverne Cox y RuPaul.

¿Por qué ellxs y no las celebridades “bellas” de siempre (como Lily Collins, Emily Ratajkowski, Katy Perry, Bella Hadid…)? Sencillo: porque el ‘camp’ es antagónico con el cannon de belleza tradicional. Lo ‘camp’ siempre ha vivido en la periferia, en lo diferente. Todo lo que ha sido rechazado o hecho a un lado por el high art por ser extravagante, anti-estético, raro o distinto puede ser ‘camp’. Es la belleza del término. 

Esto para muchas personas puede significar simplemente que se decidió un tema y ya, que en 2020 será otro. Pero no, o no del todo.

La moda –poco a poco, con lentitud y a veces casi con enojo– está cambiando. Las resistencias la están forzando a transformarse: los movimientos políticos de las nuevas generaciones le exigen adaptarse o morir. Por décadas, esta industria definió qué era belleza y dictó qué era aceptable y qué no. La moda ha sido blanca, heteronormativa, cisgénero. No solo eso, en su peor espectro ha sido racista, misógina, homófoba, colonizadora y apropiativa.

Pero en esta alfombra comenzamos a vislumbrar nuevos rostros, cuerpos, tonos de piel e identidades de género. Otra definición de lo que puede ser bello, poderoso, aceptado y estar en boga.

Además de los íconos LGBT+ afroamericanxs, en la alfombra vimos a modelos, actrices y cantantes consagradas con cuerpos diversos (Ashley Graham, Paloma Elsesser, Lizzo; incluso Kim Kardashian, Cardi B y Nicki Minaj). En comparación con años pasados, hubo una mayor presencia de personas con orígenes afroamericanos, asiáticos y latinos (Zendaya, Lupita Nyong’o, Yara Shahidi, Dapper Dan, Frank Ocean, Lewis Hamilton, Dev Hynes, Zoë Kravitz, Gemma Chan, Awkwafina, JLo, Thalía, Maluma, Lana Condor). Y, no menos importante, se retó al concepto de género a través de la ropa y el maquillaje (Michael Urie, Danai Gurira, Jared Leto, Hamish Bowles, Darren Cris y Harry Styles).

Lupita Nyong’o, Michael Urie y Thalia.

La representación se amplió y no lo hizo desde la timidez. Los asistentes que de una forma u otra pertenecen a una minoría, llenaron el lugar con orgullo y a través de su estilo ‘camp’ deslumbraron y marcaron su presencia. Estaban ahí, destacaron, celebraron ese espacio.

La lista es más grande. En este texto faltan ejemplos de nuevos rostros en la alfombra de ayer que representaron un mensaje importante. Esto es una buena noticia: cada vez son más. La industria de la moda está muy lejos de ser diversa e inclusiva, pero el que haya tenido que abrir estos espacios habla de que algo está transformándose. Eso sí: es crucial repetir que no regalaron estos espacios, no fue fácil acceder a ellos, se han reclamado por años (por muchxs) durante décadas y hoy se están tomando y politizando.

Al final la moda es un reflejo distorsionado de lo que se vive en la sociedad. Y, este mensaje –ver que algunas batallas se ganan, poco a poco, y se van rompiendo huecos para generar espacios más inclusivos– es esperanzador. Si viene, además, acompañado de vestidos y trajes increíbles es válido abrazarlo, disfrutarlo y tomarlo como un respiro para seguir porque es innegable que aún falta mucho.

Sobre la autora: Es egresada de Periodismo y Medios de Información (LMI) del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Fue reportera de la revista Chilango, también ha colaborado con Life&Style México, Vice México y Código Magenta. En 2018, formó parte del programa Foreign Correspondents’ Programme organizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Finlandia y se integró a la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas. Sus temas principales de interés están relacionados con género, minorías, DDHH, política, cultura y estilo de vida.

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