Confesiones de una consumidora responsable en crisis

La semana pasada, Silke E. M. publicó un artículo que resalta otras acciones que podemos llevar a cabo para profundizar en nuestros patrones de consumo, de maneras distintas al  #SinPopotePorfavor. Hoy, yo quiero hablar de algo distinto. Quiero hablar de lo que me ha tenido en un espiral existencial las últimas tres semanas y necesito compartir.

Mi crisis, como toda buena crisis en tiempos actuales, nace de haber leído un tweet. Doscientos ochenta caracteres bastan, cuando se sabe qué decir. El tweet en cuestión era este:

 

Bienvenido sea el pánico que lo inunda a une cuando le cuestionan sus creencias. ¿Cómo que mis AMADOS popotes, esos que les he recomendado a cada une de mis amigues también eran malos para el planeta? Y pues, ni modo, un producto más que descartar de mi lista mental de productos válidos a consumir.

<<Por si les quedaba la duda, los popotes de silicón también tienen un impacto ambiental significativo, por las emisiones de CO2 durante el proceso de producción.>>

Que más me quedaba entonces, además de considerar la opción de que a lo mejor @pammirand tenía razón. No importa lo que haga, estoy eternamente condenada a no poder aportar realmente a la mejora del medio ambiente porque el capitalismo es un sistema mezquino del que no podemos escapar.

Para hablar de ello, tenemos que desmenuzar un poquito la idea. Primero que nada, el decir que no existe consumo ético bajo este sistema económico lleva casi intuitivamente a la conclusión de que entonces no tiene sentido alguno que sigamos haciendo el intento, al final del día somos seres racionales, ¿no?* Segundo, quita mérito a todes aquellos cuyo esfuerzo ambientalista no sea al mismo tiempo anticapitalista.

No me malentiendan, yo sí he soñado con huir de la civilización e iniciar mi comuna, cuyas bases sean el autosustento y el trueque entre les miembres. Es un sueño bastante recurrente de hecho, y un tema sorprendentemente usual cuando veo a mis amigues. Sin embargo, la verdad (o por lo menos, mi verdad) es que la solución no es huir de este sistema ni desmantelarlo por completo.

Para el beneficio de mis papás, los cuatro años de economía que me han pagado no han sido totalmente en vano y gracias a ellos puedo afirmar que el capitalismo no es un sistema inherentemente malvado. El problema (entre muchísimos otros) es que no hemos sabido repartir la responsabilidad—tanto ambiental como ética—de manera coherente entre les productores y nosotres mismes, les consumidores.

¿Será cierto que ningún consumo es ético bajo el capitalismo? A lo mejor. Pero también es cierto que como consumidores tenemos el poder de exigir productos que cada vez sean producidos con mayor responsabilidad social y ambiental. Nosotros podemos elegir marcas locales, negocios que sepamos que están haciendo las cosas bien y que queramos que crezcan. Podemos alzar la voz cada que veamos que hay oportunidades para que una corporación haga las cosas mejor. Y eventualmente, nos van a tener que escuchar. Porque si hay algo innegable es que el consumidor sí impacta directamente las decisiones de producción.

Ahora bien, al llegar a este punto de mi tren de pensamiento me topo con otra barrera: una sola persona no es suficiente para influir decisiones de este modo. Y entonces me acuerdo que, afortunadamente, no existo en un vacío. El usar bolsas reusables o llevar nuestro propio vaso a el café, son acciones colectivas. Acciones colectivas que tienen todo lo necesario para ser el contrapeso necesario ante las Evil Corps.

En conclusión, después de dos semanas y medias de crisis y cuestionamientos, salí del otro lado con una certeza todavía más arraigada de que es indispensable que sigamos tomando estas pequeñas acciones, aunque el sistema aún sea imperfecto. Porque si los popotes de metal que compro son de níquel, entonces voy a comprar ahora de bambú; pero ya no voy a volver jamás al plástico desechable.

A lo mejor todo el consumo bajo el capitalismo es horrendo, pero el nihilismo no es la opción, ni tampoco desmantelar el sistema. Vale la pena esta luchita que estamos haciendo todos juntos. Todo lo que tenemos se lo debemos al planeta y, lo mínimo que podemos hacer, es intentar. Con lo que hay ahora, con todo y huecos, que poco a poco nos encargaremos de corregir.

*Mis años de economía me han enseñado que la respuesta a esto es un rotundo y tajante NO, pero de eso ya hablaré después.

Un comentario en “Confesiones de una consumidora responsable en crisis

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