No estamos bien

En las pasadas semanas, además de la típica crisis por el estrés de la escuela, mi salud mental se ha visto afectada por noticias recientes de cuestiones ambientales. Más que ser un latigazo de culpa (porque sabemos que eso no funciona), escribí esto para reflexionar acerca de qué ocasiona mis miedos. Y de paso, ojalá sirva también como el cubetazo de agua fría que algunas personas necesitan.

Hace días que me estaba comiendo un kiwi me puse a pensar en cuándo, sin darme cuenta, sería el último día que comería fruta fresca. La mayoría de las veces que tomo un vaso de agua pienso en el día en que no tendré acceso a agua limpia. El miedo me sigue a todos lados y con cualquier acción que tomo. La neta, el hecho de que la fuente de mis crisis no está basado en pensamientos irracionales, sino en cosas reales, hace todo el asunto mucho peor.

Las señales están por todos lados. Han estado por años, escondidas a la vista como la trama secundaria de una película de bajo presupuesto. Una nota en el periódico hablando del calentamiento global y sus efectos en nuestro país, un comentario echado a la ligera en una serie acerca de que estamos a una generación del colapso mundial, o una nota (sin mucha cobertura) sobre un reporte acerca de cuantos años tenemos antes de crear daños irreversibles al planeta. Por cualquier lado donde busquemos podemos encontrar algo, y aún así por alguna razón seguimos sin tomar acciones verdaderas. El aviso está más que claro y el día que nos llegue el recibo nos daremos cuenta que nunca hubo engaño.

¿Qué le pasa a la basura del envoltorio del chocolate que me comí? ¿Cuántas son las emisiones que genero con mi carro en camino a la escuela? ¿De dónde viene la electricidad que uso para cargar mi celular? ¿Cómo funciona el sistema de desechos humanos en nuestra ciudad? Todas estas preguntas llegan a mi cabeza todos los días y el hecho de que sé las respuestas me impide dormir por las noches.

Los días con mis peores ansiedades existenciales son los días que pienso acerca de que no existe el consumo ético con nuestro modelo económico—Danae ya nos ha escrito de esto. Cada una de las acciones que tomamos todos los días contribuyen a la problemática que nos persigue como una nube que crece cada vez más oscura y amenazadora sobre nosotres. Es virtualmente imposible vivir sin generar impacto. No me puedo ni comer un sándwich de atún sin pensar en que diversas especies están peligro de extinción por años de pesca clandestina y por el más de trillón de pescados que se sacan anualmente en la industria pesquera. Y una que pensaba que la dieta pescetariana era buena opción.

He hecho cambios en mi vida en un intento por aplacar mis miedos más grandes. Mis hábitos de consumo han cambiado: he dejado de depender de mi carro, he cambiado mi dieta y la manera en que consumo productos. Hasta dejé la maruchan en mi intento por reducir mi huella de carbono. Pero poco ayuda cuando pienso que el consumo individual tiene poco impacto cuando lo vemos comparado con las estadísticas de contaminación de las grandes empresas a nivel mundial. Sé que mi impacto tiene un límite de alcance y lo demás esta fuera de mi control. Sé que lógicamente no soy responsable del daño que hemos generado por siglos y generaciones al ecosistema pero eso no me sirve cuando pienso que todo lo que hago es inútil.

En el 2016 se hizo viral un meme con un perrito en un cuarto en llamas que no se da cuenta que todo se está incendiando a su alrededor. La neta en este punto nosotres somos el perrito y el planeta es el cuarto, ignorar el problema hasta hizo que el mismo autor hiciera una secuela, porque realmente no podemos seguir pensando que es buena opción quedarse sentades y pretender que todo está bien mientras el mundo arde. El cambio climático no es una conspiración, el planeta no se va a arreglar solo y tampoco es un problema temporal. No podemos normalizar desastres naturales, ocasionados por el calentamiento global y que terminan poniendo en peligro la vida de los más vulnerables, como parte de nuestro futuro.

Hacer algo para generar el menor impacto al planeta dejó de ser algo opcional hace mucho tiempo. No podemos seguir hablando del futuro asumiendo que vamos a tener uno cuando a este paso puede que ni lleguemos a verlo.

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Comic creado por Kc Green.

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